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PALABRAS DE BIENVENIDA
CEREMONIA DE CONMEMORACIÓN
25 AÑOS DE EGRESADOS



Es realmente agradable darles la bienvenida a esta ceremonia con la cual conmemoramos 25 años de egresados. De antemano, quiero agradecer a nombre de los compañeros que convocamos a   esta reunión, la presencia de todos y cada uno de ustedes por dejar a un lado sus actividades y destinar este tiempo a las remembranzas, convivencia, actualizaciones y permitirse disfrutar de un día con personas que fueron parte   de nuestra formación como individuos y como profesionales.

Cuando me comunicaron que sería honrada con decir las palabras de bienvenida, hubo sentimientos encontrados; por un lado el gusto de expresar la alegría de verlos nuevamente y por otro, el nerviosismo de estar al frente de un grupo de amigos y   no saber como expresar esa alegría que me hizo pensar en lo que somos y en lo que fuimos.

A lo largo de 25 años hemos enfrentado infinidad de experiencias buenas y malas, tanto en el aspecto personal como en el campo profesional y todas ellas han jugado un papel importante para modelar a los individuos que somos hoy en día.

Hace 30 años llegamos a esta facultad con ilusiones, anhelos, inquietudes, deseos de cambiar nuestro entorno y con la seguridad de que podíamos comernos el mundo a bocanadas; de esta manera empezamos a conocer nuevos amigos, compañeros y cómplices con quienes trazaríamos las estrategias para lograr nuestro objetivo.

Teníamos 5 años para lograrlo, por supuesto que algunos de nosotros (o quizás más que algunos) no contábamos con el hecho de que la consigna por parte de aquéllos que ya ostentaban el respetable titulo de Médico Veterinario Zootecnista era hacernos la vida un poco complicada y como regalo de bienvenida nos insertaron en la matrícula materias como bioestadística, anatomía y bioquímica por nombrar algunas. Sin embargo, no contaron que estaban ante un ejército de Quijotes, dispuestos a luchar y contrarrestar los embates para salir airosos en la batalla.

A medida que pasaba el tiempo, y el conocimiento se arraigaba en nosotros, surgía la necesidad de ponerlo en práctica, y sobre todo, teníamos que comprobar que era redituable, así que la primera necesidad urgente, era saber cuanto cobrar por aplicar una vacuna, ya fuera a perro o gato sin importar que el pobre animal terminara cojo, al fin y al cabo estábamos aprendiendo. También había la necesidad, de dar a conocer a nuestros colegas el área a la cual planeábamos enfocarnos y así fueron apareciendo apodos como el Sisson, el Guajolote, el Toro, Don Gato, el Pato, el Urco y hasta hubo a quien le apodaban El Semental (quiero aclarar que de acuerdo a información recibida hasta el momento, tal individuo no fue probado en este hato).

Siguió transcurriendo el tiempo y llegó un segundo embate, quizá el más desafiante y retador de todos: el gran filtro de microbiología, virología y parasitología. Vale la pena decir que las armas utilizas por nuestra querida facultad en esta etapa del combate, fueron difíciles de enfrentar, ya que por una parte no enviaron precisamente ángeles, sino más bien profesores que pertenecían al lado oscuro o bien eran como cuetones que hacían temblar a la mayoría. En fin, éstos y otros contratiempos propios del existir, hicieron que parte de nuestros hidalgos tuvieran que abandonar el camino.

Sin embargo, también existieron aquellos profesores que en su afán de refinar esos diamantes en bruto, osease nosotros, nos enviaban al teatro o a leer un buen libro a cambio de un muy preciado punto extra en el examen parcial.  

Pero no todo era sufrimiento, ni pérdida de neuronas o pestañas quemadas, también existían las fiestas en casa del buen Pelagio, los momentos de bohemia con los Jasso, los partidos de fútbol en la explanada, las reuniones de reflexión, acuerdos y embriaguez en el hoyo negro, que por cierto, si hubiéramos tenido en ese tiempo la cultura del reciclado como negocio, más de uno se hubiera hecho rico con el aluminio, el vidrio y el plástico.  

Por supuesto, no olvidemos las relaciones interpersonales, sobre todo cuando los caballeros de la época, pedían a gritos cambiar a siete de sus bellas compañeras por una horrorosa de la Facultad de Odontología, pero bueno los pobres se conformaban con ir a ver alguna buena pierna cuando jugaba el equipo de básquet de la facultad. Cabe aclarar, que a pesar de esos juicios mal fundados de los compañeros del sexo masculino, hubo compañeras que sacaron la casta.
Y a pesar de esta visión distorsionada de la belleza humana, surgieron los noviazgos, y con ellos, momentos agradables que amortiguaban nuestra complicada y bella vida de estudiante. En este punto algunos y algunas no tuvieron más que quedarse como el chinito: “Nomás milando” pero bueno, así es la vida.

Y con todos estos pormenores llegamos a las zootecnias y las clínicas, a enfrentarnos a los “cremasters” recién desempacados de tierras lejanas, que claro está, hacían derroche de conocimiento y por que no decirlo, también de poses; ¿quién no recuerda las zootecnias de bovinos productores de leche o carne, por ejemplo?, o ¿los departamentales maratónicos de zootecnia de cerdos, así como   las clínicas de caballos?

¿Y que pasaba fuera de nuestro entorno escolar? Seguramente muchas cosas importantes, pero hay dos que recuerdo en especial por el impacto que generaron. La misteriosa muerte de Juan Pablo I y el asesinato de John Lennon.

Por fin llegó el término de cursos y la hora de decir: ¡Lo logramos! Y aunque en diferentes escenarios, la mayoría disfrutó de una fiesta de graduación en la que compartimos por última vez nuestros momentos de estudiantes, listos a enfrentarnos al mundo real.

Han pasado 25 años en los cuales esas   ilusiones, anhelos e inquietudes en muchos casos se materializaron abarcando las diferentes áreas de estudio, en otros, los caminos han sido muy diferentes a los anhelados, desarrollando actividades desvinculadas a la medicina veterinaria; pero en todos ellos, con responsabilidades quizás mayores a las esperadas.

25 años, en los cuales hemos comprobado que para cambiar nuestro entorno hay que esforzarse continuamente, y que a veces, aún con ese esfuerzo no es posible el cambio porque no todas las decisiones dependen de nosotros; y que ese mundo que queríamos devorar, a veces no conviene comerlo porque   indigesta.

Y sin importar el status en el que se encuentre cada uno de nosotros el día de hoy, decidimos dejar a un lado trabajo, familia, distancias, etc. por el simple gusto de compartir nuevamente con ese grupo de quijotes que conforma la Generación 77-81 de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Algunos actualmente con un mejor ver, otros con los cabellos contados, algunas cuidando o manteniendo el peso, otros negándose a utilizar anteojos, pero todos con el gusto de estar aquí.

Desafortunadamente no estamos todos los que éramos y dentro de los ausentes, no olvidemos a los compañeros y profesores fallecidos que conformaron esta generación.

¿Y qué pasó con nuestra facultad?¬ También ella ha sido sometida a cambios tanto tecnológicos como académicos con el fin de mantenerse a la vanguardia. Actualmente, cuenta con un numeroso equipo de cómputo, modernos equipos diagnósticos, instalaciones de primer nivel, mayor número de laboratorios certificados, profesorado en constante actualización muchos de ellos de alto nivel, etc. Ah!!!! Y también con un mayor número de bellas estudiantes que forman el mayor porcentaje de la matrícula.

Por todo lo anterior reitero el gusto de encontrarme reunida con ustedes en esta nuestra Alma Mater, agradeciendo su presencia, así como la de nuestros invitados y reconocer el trabajo de todos los compañeros que dedicaron su tiempo y esfuerzo para que este evento se llevase a cabo.

Gracias

Luz María Galindo Chirinos